Regalar flores, alegría, amor y música parece ser la promesa de The Draytones, el grupo Anglo-argentino (tres integrantes ingleses y un argentino) que el último sábado dio fin a su gira Friendship Tour 09. Gira que logro de alguna manera “unir” dos pueblos enfrentados, consigna que el grupo tiene muy en claro, desde el parche del bombo (las banderas argentina e inglesa unidas) hasta su repertorio, que combina mayoría de canciones en ingles con algunas pocas en castellano.
La cita fue el último sábado a la noche en La Trastienda con una puesta liviana y colorida, (solo flores adornando). Don’t Talk To Me fue el encargado de romper la espera y dar comienzo al show. Canciones igual de frenéticas y sixties como Time y Out Of This World siguieron la fiesta.
Por momentos el lugar parecía repleto de chicas entusiasmadas con la idea de encontrar un rastro Gallagher en sus nuevos ídolos. El humor del grupo supo complacer ese antojo con Flowers On The Bridge una excelente balada en la que el baterista Luke Richardson (como única voz) satirizo la popular pose Oasis de manos atrás y mentón al frente.
La noche siguió con el grupo repasando su EP Forever On y el primer disco Up In My Head con canciones como Four Years, On The Way y After All. Se dieron el gusto con algunas nuevas y hasta con un cover: Runaway de Del Shannon.
Mención aparte merece el destacado hit Sumer’s Arrived (que pronto, o no tanto, tendrá su lugar entre clásicos del genero como Waterloo Sunset de The Kinks o The Righ Time de los Tremeloes).
Con Heart Shaped Line dieron fin a la primera parte del show y Keep Loving Me fue la frutilla para dar el cierre ¿definitivo? a los bises… Nada de eso, gracias al incesante animo del batero con el publico, el grupo tomo los instrumentos otra vez para, por fin, regalar rosas (escenografía desarmada, claro) y amor con “Blackbird”.
Solo dejando atrás las patéticas y desgraciadas diferencias que dos países supieron alimentar manteniendo un ritmo de constante recelo, es que se puede disfrutar del arte.